ya no persigue (poema)

ya no persigue

no acecha
por los bordes de la cama
me lo quitaste
nunca fue para mi
ya no me
come la sangre
por dentro
ni mastica el vórtice
de mi corazón
se fue de las esquinas
dejó los árboles
cansó su aliento
borró su sombra
tragó su humo
yo lo quería para siempre
para mi, en el atolladero
de la espera
sostenidos por apenas
una duda
brevemente se me hizo
adorable
su existencia
como la nieve que encharca/
como cachorro de bestia;
todo condenado
al barro y al tiempo
no es para mí
tómalo y escóndelo
para no encontrarlo
por más que lo busque
por más que intuya
su presencia
o bótalo
o quémalo
o por lo menos que se calle

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