Hambre que es alimento

0. Cómo se escribe hace el amor uno. Cobarde, repetitivo, egoísta, ridículamente laxo, perezosamente breve, inútilmente fingido, prosaico, lírico, gozoso, dolente, mínimamente, grandilocuente, complejo, sencillo; todo al mismo tiempo. El que peor lo hace, lo hace porque cree que debe ser una expresión interior; el que mejor, lo hace como si de un oficio manual se tratara. Son mejores amantes los zapateros de la palabra.

1. El amor duele. El amor es incómodo. El amor es trabajo. Es hambre y alimento, es falta y producción. Es carne. Es sagrado. Y vive con la humanidad y morirá con ella. Y dura lo que dura un beso. Y palpita su sangre púrpura en continuo desde que existe el tacto y la palabra. Y se pudre. Y sus esporas viajan, ingrávidas, los millones de kilómetros cuadrados que descansan bajo el Sol.

2. El amante desea el martirio. Por eso existe la mística. Se llena el cántaro de un amor total y sale por los ojos y por los dedos. Como un niño que abraza a todos o como un secreto que a todos nos involucra. Sufre el amante y es el único sufrimiento banal que vale la pena, y tanto sufrimiento llena de nuevo el cántaro. Pasa, sin esperarlo, y es extraño al principio. Se llenan los ojos de lágrimas porque es bello como la muerte, como la rabia; como todo lo bello es bello el amor. Se anuncia en un escalofrío. Avisa su llegada derramándose tibio en las tripas. Pasa su lengua caliente por todo el pecho y la guata. Se derrama el cántaro por los ojos y gritamos con apenas un hilo de voz: ha llegado el amor y me siento enfermar.

3. Se le hace evidente al amante el dolor del mundo. Se siente en el dolor de los niños, de los viejos, de los silentes, de los que lloran acostados apenas cubiertos y que tienen que salir a respirar. Se le hace ridículo su amor, que lo deja en vigilia o que lo arropa en sueño.

4. Callar las visiones del amor/ callar el amor es equivalente a enfermarse. La mística europea es testimonio de eso. Comulgar, que es comer, se presenta como un deseo ferviente que, una vez satisfecho, no es suficiente. Más se come, más hambre se tiene. Pero esta gula no es pecaminosa, es sagrada. Entre los siglos XII y XVIII la explosión mística acompañó las nuevas formas de vida en el medioevo: el foco en la expresión, los grupos religiosos femeninos y la eminencia del yo fueron tierra fértil para hablar de esta forma de amor que, desde los padres de la Iglesia, había cautivado a los corazones cristianos. La experiencia mística se textualizó.

5. El amor es inútil. Es una fuerza que no mueve nada. La finalidad práctica que el amor tendría para los humanos (resguardar lo suficiente el tramo entre la concepción y la infancia) ya no es tal. Es un claroscuro del que no se puede hablar y, sin embargo, todos lo hacen.

6. La textualidad y el amor no pueden concatenar de manera exitosa, ni siquiera competente. Se nos escapa de las palabras, del lenguaje. Se abre como herida entre palabra y palabra, para quizá nunca encontrarnos realmente. Como si de un castigo se tratara, estamos a la merced de algo que no entendemos, que a veces no queremos, pero que nos mueve más allá de nuestro control. Es indecible, inenarrable, pero está más presente que una multitud de otras cosas.

n. Por eso no confío en las lánguidas, anhelantes poéticas amorosas de nuestro tiempo. Partiendo por las parciales y las cobardes; aquellas que pregonan la ausencia de dolor. La verdad es más sencilla: todo lo que vale la pena es terrible.

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